Escrito por Gerardo Horacio el día 19 Jul 2008 a las 4:12 pm. No hay comentarios.
Guardado en Creatividad, Escritores, Fetiches, Hábitos de escritura, Máquina de escribir.

Y si pensaban que las máquinas habían terminado, estaban equivocados.

No es que me contradiga. Es algo más simple. Como ya lo adelantaba o preveía William Gibson, uno se vuelve adicto a la tecnología. Lo que en términos de escritura no resulta de tan fácil consumo. En otras palabras: cuando empecé a usar PC’s, mi ideal eran las Mac, por el ambiente gráfico, el manejo de fuentes de distinto tipo que podían darle otro aspecto a tus escritos.

La primera calle de la soledadb la inicié en una Mac Classic. Y me quedé enamorado de la fuente New York.

Nada similar podía obtener en aquellos momentos en las PC. La mayor actualización que logré hacer en ese sentido, fue cambiar de Word Perfect a Word 5.0 para DOS. Y sólo podías, en ambos procesadores, acceder a Courier o Courier New. Y otra fuente más, cuyo nombre se me escapa. Las variantes, las variables posibles al aspecto de tu interfaz eran mínimas. Pero la marcha de las computadoras aún era lenta y más mi economía. Fue hasta 1996 que accedí a Windows y con ello a otras prestaciones gráficas. Unas que me hicieron desear más y más tener una lap top. Deseo que tardaría años en cumplirse.

Mientras tanto, en las reuniones, en aquel tiempo muy periódicas, con el grupo de escritores de Ciencia Ficción, me encontré, una buena tarde con un libro de cuentos de Blanca Martínez. Un original cuya tipografía y tipo de impresión me era imposible reconocer. Le pregunté qué programa usaba. Su respuesta me dejó frío: escribía a máquina. En una de tipo electrónico que le permitía guardar sus documentos.

Blanca me prestó su libro. Hundirme en sus ficciones fue un placer especial. Blanca escribe con una candidez, una simpleza, una pasión que arroban. Prosa que logra adentrarse de manera rápida en ti.

Y a mí, justamente en aquel momento (Circa 1996), me pasaba lo contrario. Mis construcciones me sonaban en exceso artificiales, muy reelaboradas. De manera que, fetichista como soy, empecé a buscar una máquina similar a la de Blanca. Sergio Lira, siempre al pendiente de sus alumnos, siempre escribiendo ensayos, me platicó, pocos días más tarde de una máquina Canon. Le pedí los pormenores y acudí a comprarla.

Una máquina portátil (aunque bromosa y pesada) que, efectivamente, era capaz de guardar tus escritos en un disco de 3.5. Una que empleé para escribir cuentos, una novela inconclusa a cuatro manos… Una que poseía varios tipos de fuentes. Me enamoré de ella. Es esta:

Canon Starwriter 20

Un amor poco fructífero en términos creativos. Un fetiche más que pude arrastrar a dos congresos de CF y que me permitiera redactar trabajos académicos. Nada más. Pero a veces sólo hace falta tener el fetiche para superar los aparentes problemas. Y volví a la PC. A mis viejos programas de DOS, con renovadas energías.

Al poco tiempo pude transladar la 386 escalada a Pentium S de Jojutla a Puebla. Y la historia creció… Con ella vinieron otras novelas, otros fetiches.

Pero eso será asunto de otro post.

PD.- Y sí, otra vez, fue una foto de celular… Sorry.

Escrito por Gerardo Horacio el día 19 Jul 2008 a las 4:10 pm. No hay comentarios.
Guardado en Disculpas, General.

…que otros ocasionan. Es decir, las fallas de formato, trasposiciones de fechas, desapariciones de comentarios, imágenes rotas que una obligada actualización de Word Press trajo como consecuencia más que visible a este blog.

La locura no sólo llega del interior, al menos en la red. Ni tampoco del exterior. Llega de estas actualizaciones fragmentarias, incompletas, express y poco actualizadas de esta marea digital que nos termina arrastrando.

Terminado el exabrupto, sólo queda decir: se arregló lo posible. Espero que en futuras actualizaciones este blog salga menos dañado.

Escrito por Gerardo Horacio el día 23 Abr 2008 a las 12:46 am. No hay comentarios.
Guardado en Autores, Creatividad, Escritores, Máquina de escribir.

Y en este proyecto de un blog paralelo, ligeramente distinto, la idea era comentar sobre todas las particularidades, las pequeñas manías que uno va adquiriendo a lo largo de la senda de convertirse en escritor… Y ahí, el fetiche de la Máquina de Escribir, suele ser básico… o mejor dicho, solía ser…

Hoy, un comentario dejado en este blog, me hizo posponer las urgencias para ponerme a relatarles un poco más. Ésta, sin más, y como prólogo definitivo, es mi tercera máquina de escribir:

Mi tercera máquina
Una Olivetti Studio 45 (sí, sorry, es foto de cel), que ha sufrido ya un buen de reparaciones. La historia de esta señorita también se remite a los tiempos de prepa y su existencia obedece, una vez más, a mi ánimo, mis costumbres nómadas.
Para acabar las tareas de prepa, precisaba tener una máquina con idéntica tipografía en el estado de Morelos, para poder trabajar en los fines de semana que visitaba a mis padres. Fue comprada en una tienda del Issste y aporreada con mayor confianza que la Letrera 32, debido a su estructura más sólida, a la misma amplitud de sus teclas. No sé, no recuerdo exactamente en qué momento terminé con esta máquina en Puebla. Supongo que la otra se descompuso o simplemente quise distinguirme de José Luis Zárate. Él, en aquellos tiempos de licenciatura, poseía otra Letrera 32, aunque con una tipografía distinta. Mucho más pequeña. Una a la que le había cambiado las teclas en numerosas ocasiones… porque sus aporreadas solían romperlas. La Letrera de Zárate incluso fue soldada, sometida a rigurosas cirugías… Hasta que la perdió… En serio, no lo sé de cierto…. Quizá en algún viejo post de Lobosector, exista una versión más apegada… pero creo recordar que en esta studio 45, mientras mi AT era reparada, escribí algunas páginas de La Primera Calle de la Soledad… Sea como fuere, hasta el día de hoy, es esta máquina la que me sigue acompañando en Puebla. Hasta el año pasado, básicamente me ayudaba a llenar ocasionales formularios… pero ya no a escribir… El cambio en este sentido fue drástico… Y es necesario decirlo…

Mi resistencia a cambiar a las computadoras, fue grande. El primero que dio el paso de entre la comunidad, del grupo de escritores que en ese tiempo nos reuníamos y nos hacíamos llamar Hara Kiri, fue precisamente su fundador: Juan Hernández Luna. Sí, el mismo que el año pasado obtuvo su segundo o tercer premio Hammet de novela policiaca. Él inició el cambio, consiguiéndose una consola Atari 5200 y el respectivo cassette (un circuito integrado pegado a un circuito impreso, todo rodeado por un rectángulo de plástico) de escritura. Dicha consola aún grababa los datos en cinta magnética de 60 minutos. Sí, en cassette de audio. Zárate siguió su ejemplo y a la vuelta de unos tres meses se había conseguido ya una consola similar… Pero yo me negaba. Mi consola era una Atari 2600 y sólo servía para jugar (y mucho), no para escribir. Zárate superó a Hernández Luna, al conseguirse primero un driver de 5 1/4. Ambos usaban una tele portátil Samsung blanco y negro a manera de monitor. Y no, no estoy hablando de la prehistoria, sólo de hace veinte años. De 1988. Ambos usaron sus consolas hasta el cansancio… Hernández Luna escribió Quizá otros labios en esa consola y luego la pasó en limpio, a máquina, en una Underwood del año del caldo, para entregarla a la editorial… Zárate, otra vez lo superó: consiguó una impresora de matriz de puntos compatible con su Atari… Zárate escribió toneladas de minicuentos… vaya, hasta yo la utilicé. Escribimos, Zárate y yo, un cuento a cuatro manos, luego otro. Luego un par de novelas que nunca acabamos…

Y la inercia estaba extinguida. Busqué imitarlos, pero mi padre me convenció de saltar a una XT. A esa primera PC de monitor monocromático y disco duro de 20 megas… Era diciembre de 1989… En ella, al fin pude tener la amplitud, la confianza para desarrollarme como autor. No duró demasiado conmigo. La cambié por una AT (286), luego una 386 y al fin una Pentium PS. Todas ellas aún están en el museo jojutense… Es decir, en mi recámara de la casa de mis padres…

Un fetiche se fue extinguiendo con las PC’s. Otro nacía con ellas. Otro con las Mac’s… Y durante mucho tiempo deseé una laptop… pero eso es parte de otra historia… de otro post… Por el momento, he de volver al origen de la inspiración.

Sólo los que hemos escrito en máquina de escribir te entenderemos, escribió Imprentas… Y es cierto, pero aún peor… Recientemente, encontré el libro de Nestor García Canclini Lectores, espectadores e internautas y ahí, en el apartado Cuento Postdigital, el autor revisa una historia de Julio Cortázar, Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda a un reloj, a la sombra de las tecnologías digitales y argumenta:

Los adolescentes preguntarán qué es eso de que haya que darle cuerda al reloj todos los días. La mayoría de los jóvenes ya no usa reloj de pulsera, porque consultan la hora en el móvil o en el ordenador. Es comprensible que miren a los adultos que todavía usamos reloj como nosotros veíamos hace unas décadas los relojes de sol o de péndulo. (58)

O incluso, agregaría yo, los de bolsillo, como el que usaba el conejo blanco de Alicia…

De cualquier manera, es cierto, estamos en la era digital, en otro reino donde la información es más asequible, más fácil de alcanzar… Y, sin embargo, ninguna de estas facilidades, creo, termina siendo determinante para escribir… Para mantenerte en la línea… para no dejar de aporrear las teclas…

See you soon, you people behind the screen.

Escrito por Gerardo Horacio el día 23 Abr 2008 a las 12:45 am. No hay comentarios.
Guardado en Eventos, General, Lecturas.

Y como participo en este evento, aunque tardíamente, aquí está la publicidad:

Día del libro en la Ibero
A las 11 am, leeré un par de poemas, en el pasillo del Laboratorio de TV, en la Ibero Puebla, por supuesto. A las 6 pm, presentaré, en compañía del Maestro, amigo y gran poeta Gilberto Castellanos, el poemario de Moisés Ramos El olvido es nuestro nombre. Están invitados…

¿Por qué no posteé esto en la zona de noticias? Porque, al parecer, no he actualizado mi versión de Word Press

Y como esta página no tiene esas actualizaciones y se sigue viendo completa en internet explorer… me quedo con esta versión…

¿Quejas? Para eso está la zona de comentarios…

Escrito por Gerardo Horacio el día 10 Feb 2008 a las 5:49 pm. No hay comentarios.
Guardado en Autores, Escritores, Hábitos de escritura, Novelistas, Palabra.

Y claro, difícilmente uno inventa, diseña cosas que no alguien ya haya pensado, cuando menos en algún formato similar, no idéntico al tuyo…

En la literatura, con esta permanente referencialidad a lo ya escrito, con la clásica intertextualidad la cosa se vuelve menos sorprendente. El título de este blog, por ejemplo, es un diálogo, una paráfrasis, una referencia a la nave de los locos en referencia con la escritura…

Y ayer, buscando en el caos de mis libreros un texto para propósitos académicos (uno que se niega a aparecer) encontré Primero la A de Eusebio Ruvalcaba, un texto de reflexión sobre el oficio de escribir, publicado por Sansores y Aljure Editores y ahí, en el capítulo dedicado a los novelistas, descubrí una no esperada coincidencia conceptual que me hizo planear este post:

Los novelistas se comparan con los sinfonistas. Ambos emprenden la aventura de la creación subidos en una nave que ignoran si regresará o no, que desconocen si encontrará o no su destino, la misión para la cual esa nave fue creada. La travesía de la novela –o la travesía de la sinfonía–, es decir su elaboración, es tan vasta, que seguramente habrá de toparse con tormentas terribles, que casi hagan zozobrar el barco; con días bajo un sol inclemente, que tal vez haga desistir al más porfiado capitán; con hambres, traiciones, actos de maledicencia y abandono. El trayecto resultará tan desventurado que muchos decidirán dar marcha atrás apenas pierdan de vista la brújula. Pero otros, los menos, habrán de arrostrar las dificultades hasta las últimas consecuencias. En eso se parecen la sinfonía y la novela. En que ponen a prueba la fe. Y en su estructura. Lo que en la primera es el timbre de la pasta orquestal, el despliegue organizado de los sonidos, en la novela es el film del lenguaje, que eso y no otra cosa es lo que habrá de quedar de esa novela, lo más valioso, lo que la vuelva única en su género, insustituible, impensada. Film en el sentido más profundo del término: una larga secuencia donde la condición humana –en su totalidad–, desfile delante del espectador; revestida esa condición, de un lenguaje de roca. Más que de historia. (105)

Sobra señalar las coincidencias en las conceptualizaciones, pero cabe destacar esta comparación, este especial enfoque sobre el lenguaje y la equivalencia de travesías… La nave, la máquina de los locos de Ruvalcaba se centra en todo el volumen de este libro en las particularidades de cada escritura, pero esta Máquina de los locos, este blog, como siempre, se centra más en la novelística, en lo que este bloguero considera su campo por excelencia, y es en este sentido que parece necesario compartir un poco más del pensamiento de este escritor. Párrafos antes de lo citado, Ruvalcaba define de manera incomparable las particularidades de este oficio:

Noche tras noche, [los novelistas] han dejado a su mujer esperando infructuosamente en la cama. Han plantado a los amigos. A otros escritores. Porque lo que los novelistas tienen que resolver les compete sólo a ellos. Más que nunca su trabajo es solitario. Más que nunca están solos ante el mundo. Los novelistas saben esto y saben más cosas. En el fondo de su corazón saben que quizás han construido la peor novela de la historia; pero les da lo mismo. Porque han construido. Y de eso se trata. De levantar una ciudad. De socavar en los pantanos y erigir calles, jardines, edificios, gente yendo y viniendo, encuentros o desencuentros de unos cuantos seres humanos. Pero construir, construir, construir. (104)

Eusebio Ruvalcaba, novelista, poeta, cuentista, conoce a fondo su oficio y nos comparte en todo su libro su propia bitácora de viaje. Una que, en experiencia de este bloguero, siempre resulta de ayuda incomparable en esos momentos de duda, de zozobra. Convivir con una novela no es algo sencillo. Convivir con la escritura, en sí, en cualquier tipo de género es tanto un privilegio como una condena… Y aunque este post sólo pretendía compartir este hallazgo, la recomendación se hace necesaria: Primero la A es un libro que vale la pena intentar, si tus esfuerzos andan encaminados por los caminos del ser escritor. El libro es de 1997 y yo lo conseguí en una librería de viejo (pero nuevecito y hasta retractilado) de la calle Donceles, en el DF. Para mayor referencia visual, les dejo aquí la portada:

Primero la A

Escrito por Gerardo Horacio el día 31 Ene 2008 a las 11:57 pm. No hay comentarios.
Guardado en Autores, Ciencia Ficción, Creatividad, Escritores, Máquina de escribir, Philip K. Dick, Wallpaper.

Y este post es en realidad para subsanar un adeudo nunca expresado. Ese 16 de diciembre pretendía postear también un wallpaper de Dick en estas pantallas. Empecé esa noche a realizarlo y dos días más tarde lo terminé.

Como en el caso de Burroughs esta imagen es una especie de collage digital, manipulado de múltiples formas. Es este y sólo está disponible a la tradicional resolución de 1024 x 768:

Tributo a Dick

En estos días, precisamente, he releído algunas obras de Dick. Laberinto de muerte fue uno de los escasos textos que leí en el idioma original. Y quedaba la curiosidad de probar esa experiencia en español. De alguna manera era enfrentar algo no leído… Fue increible descubrir cuanto había olvidado, cuanto recordaba de esta novela a nivel inconsciente… es decir, a veces hay escenas, paisajes que te vienen a la memoria y no logras ubicar su origen… Después de esa novela, me puse a leer el quinto tomo de sus cuentos completos… Y no estaba satisfecho…

Empecé a releer, ahora en el tomo publicado por minotauro, Lotería Solar, la primera novela de Phil… Una que originalmente me traje en fotocopias desde Argentina, gracias a la gentileza de Luis Pestarini, a quien
no le importó lo que pudiera pasarle al libro de editorial Cenit en el fotocopiado. Durante esa relectura, lentamente fui recordando cuanto me había ayudado este texto en la escritura de mi primera novela. Quizá hace falta explicar un poco…

Cuando uno empieza a escribir, existe esa curiosa inquietud de no saber si uno lo está haciendo de manera adecuada… Más tarde, ese síndrome de inseguridad se agudiza con la entrada al estudio de las letras y el choque conceptual, ineludible, que se tiene con académicos que hablan y hablan sobre literatura, más allá
de lo meramente histórico, lo meramente didáctico y se arriesgan a declarar máximas sobre lo que una obra debe y no debe contener, pese a que ellos jamás hayan escrito una…

El caso es que, como tantos otros, como la misma Anja lo mencionara en su blog del motor, una falsa idea de perfeccionismo se va acendrando en ti y va confeccionando a tu alrededor un bloqueo efectivo a tu creatividad… Desde que empecé a escribir, mi idea era hacer novela. Los cuentos llegaron por necesidad. Y luego de siete años de haber decidido mi senda autoral, aún no conseguía terminar una obra de largo aliento. Había tirado ya dos obras a la basura. Una que no pasó de la página 30. La otra, llegó hasta la 175… sin conseguir nada…

Y en septiembre de 1991, visité Argentina, asistí a la Consur I y allí, con Pestarini, conseguí la muy buscada primera novela de Dick. La leí hasta México y en sus páginas, descubrí una frescura, una diferencia fundamental con el Dick que me sigue volviendo loco. Y ahí, en ese pequeño espacio de diferencia narrativa entre Lotería solar y Ubik, encontré el espacio de justificación para ponerme a escribir mi novela. Lo encontré conceptualmente. Ya no pretendía escribir la obra maestra de la novelistica de una sentada. Pero aún hacía falta valor.

Ese lo encontré con la indignación que la adaptación fílmica de cierta obra ganadora de un pulitzer me produjera. Intenté leer el original. Salí tan o más asqueado, antes de acabarla. Y viajé en esos días a Monterrey y la última pieza del rompecabezas cayó en su sitio. A mi regreso de Monterrey al DF, en una Macintosh Clasic, en una noche escribí diez cuartillas de una sentada de La Primera Calle de la Soledad. Tres meses después, en una PC AT, armada, en una Letrera 32, terminé la novela… Esa que quizá sigue siendo el mayor distintivo de mi obra…

Cuando empecé este post, hablaba de un adeudo a ustedes. De ese wallpaper de Dick. Ahora que termino este post, descubro el otro adeudo al personaje central de este post. El adeudo reiterado a Dick, en un momento crucial para mi narrativa. En el momento mismo en que escribo esto.

Y parafraseando a López Moctezuma, en su programa de Jazz en Rock 101, cuando recordaba a Cortázar, no queda más que decir: Saludos, Phil, donde quiera que estés…

Escrito por Gerardo Horacio el día 17 Dic 2007 a las 2:06 am. No hay comentarios.
Guardado en Autores, Ciencia Ficción, Creatividad, Escritores, Máquina de escribir, Philip K. Dick.

Título extraño, exagerado, incoherente si tomamos en cuenta que una de las temáticas más recurrentes en la obra de Dick, era precisamente encontrar la la manera de diferenciar, en un probable futuro donde la ciencia o la tecnología hubieran creado al perfecto androide, al hombre de la máquina.

Las diferencias obviamente tendrían que ir más allá de lo que alcanza a distinguir el ojo humano… Y es precisamente esta temática la que más se ha explotado a nivel cinematográfico. Es ésta la que los cinéfilos reconocen como dickiana sin más.

Blade Runner, sin ir más lejos, esa película de Ridley Scott que ha vuelto a conocer una novísima reedición en este año, fundamenta su conflicto en este dilema que junto con la pregunta ¿qué es la realidad?, llena la obra de Philip Kendric Dick, ese autor desaparecido hace 25 años y que hoy cumpliría 79 (16 de diciembre de 2007) .

Y es ese simple hecho el que motiva este post rezagado, este post que debió escribirse en paralelo al de Lobosector y que sólo se concreta a estas horas tardías, como necesidad de seguir celebrando la llegada a este mundo de uno de esos escritores que logran transformarse en influencia, máquina de inspiración incesante.

Sus novelas son ríos de vertientes múltiples que nunca acabas de rastrear en una sola lectura y cada vez que un nuevo desierto en el horizonte literario amenaza con hundirme en depresiones, las relecturas de su obra se transforman en un rescate seguro. Decir que siempre fue así, sería una exageración. Dick me resultó cautivante con el primer cuento, con El Impostor (y sí, el cuento fue adaptado a la pantalla grande con el mismo título; dirigida por Gary Fleder y protagonizada por Gary Sinise, Madeleine Stowe y Vincent D’Onofrio. El DVD incluye el proyecto original, es decir el cortometraje, que, creanme, es muy superior a la película exhibida en cines. El cuento también está en La Página Preservadora), pero al intentar la lectura de una primera novela, la cosa no fue semejante. Mi primer intento, en esos lejanos días de 1982 u 83, fue guiado por la portada (y un ensayo de Taibo II que publicamos en la versión de La langosta Se Ha Posado para internet) y no era la más adecuada para esos tiempos mozos de ánimos aventureros. La obra era La Penúltima Verdad y sólo la recomendaría como inicio a Dick a lectores maduros. La novela trata sobre una sociedad que vive en bunkers y cree, es guiada a creer por los mass media que la guerra continúa en la superficie; esa que sólo habitan los aristócratas en un despliegue de ostentaciones que he de confesar no me inspiraba en aquellos días.

Dick se volvió dieta indispensable para mí con la lectura, en 1987, de Ubik. A partir de ese instante, de ese libro que contenía la dosis exacta de todo lo que yo precisaba, Dick se volvió referencia obligada para mí. Y lo sigue siendo… Por no sé cuanto más… Dick escribía con una obsesividad que parecía dejar atrás toda clase de miedos. Para muestra, este botón:

Entrevistador: ¿Desde hace cuánto tiempo has estado escribiendo antes de vender tu primera historia?

Dick: Desde que pude operar una máquina de escribir, que fue cuando tenía doce. Escribí mi primera novela cuando tenía catorce (…)
Entrevistador: ¿Y qué hay de tus hábitos de trabajo?

Dick: Bueno, suelo escribir todo el tiempo. Suelo levantarme a medio día y sentarme frente a la máquina y escribir hasta las dos a.m. Tienes que hacer eso cuando empiezas o mueres en la línea. Quiero decir, vas a vivir con dos mil dólares al año, y vas a comer piedras y porquería y hierbas del patio trasero por los primeros diez años. Después de los primeros diez años, tienes para comer desayunos instantáneos. Y luego trabajas tu camino de ascenso y ya eres lo suficientemente rico para conectar un teléfono y comprar un viejo automóvil.
Entrevistador: ¿No suena eso a Kilgore Trout?

Dick: Sí, ¿no? Tienes que manejar en una vieja carcacha a la que le das cuerda cada mañana. Y luego de veinticinco años, te las arreglas para conseguir un Dodge usado. Te cuesta 79.95 dolares, pero el radio no funciona. (…)

Entrevistador: ¿Empiezas a decirte, “¿Qué diablos? ¿Por qué estoy exprimiéndome los sesos por dos mil al año? ¿Por cuatro o incluso diez mil?

Dick: Amo escribir. Escribiría si no me pagaran nada, sin embargo tengo un agente que no está de acuerdo conmigo. Yo no cotizo mis propias cosas… Las vendo a través de el más duro, malvado tipo del mundo, Scott Meredith. Y no puedes timarlo…

El texto fue tomado y traducido de The Mainstream That Through the Ghetto Flows. An Interview with Philip K. Dick, consultable en: Philip K. dick Fans. Sobra decir que es más, mucho más largo que lo aquí presentado, cuya única otra función es exponer esa otra fuente de inspiración que ha significado para este bloguero, ese ejemplo de constancia, de mantenerse en la línea pese a la adversidad monetaria que significa ser escritor en un país como México (y aún en EEUU, como lo muestra Dick).

Sobre sus procesos de escritura, también es posible encontrar en la red una entrevista con una de sus ex-esposas. Aquí apenas un fragmento:

Annie: ¿Cualquier otra cosa que recuerdes sobre su proceso de escritura?

Tessa: Justo después de El hombre en el castillo (más tarde en la conversación Tessa explica que esta novela fue escrita en su máquina Hermes Portátil), él escribió seis novelas en seis semanas porque sabía que iba a ganar el premio Hugo (por El hombre en el castillo) y quería volverlo dinero de manera rápida porque estaba en banca rota. Cuando estaba conmigo, escribió Una mirada a la oscuridad en dos semanas. Pero gastamos tres años reescribiéndola…

La entrevista es mucho más ilustrativa en su versión completa: About Philip K. Dick: An interview with Tessa, Chris, and Ranea Dick, by Annie Knight. Aparece aquí como ilustración de su capacidad de producción, sólo con máquina de escribir.

Dick en este sentido no era ajeno al culto a las máquinas de escribir y aunque en esta entrevista se habla de una máquina mecánica, sus favoritas eran las eléctricas. En su conferencia de 1972, The Android and The Human, Dick aseguraba:

Estamos siendo gradualmente mezlados en la homogeneidad con nuestras construcciones mecánicas, paso a paso, mes a mes hasta que quizá llegue el tiempo cuando un escritor, por ejemplo, no dejará de escribir porque alguien desconectó su máquina de escribir eléctrica, sino porque alguien lo desconectó a él. Pero hay ahora chicos que no pueden ser desconectados porque ningún cable eléctrico los vincula a ninguna fuente externa de poder. Sus corazones laten con un interno, privado significado. La energía no proviene de un pacificador, proviene de un terca, casi absurdamente perversa negativa a ser “desechados”, esto es, absorbidos por los slogans, la ideología –de hecho por cualquiera y todas las ideologías mismas, de cualquier clase– que los reduciría a instrumentos de causas abstractas, incluso “buenas”.

Si Dick viviera hoy y visitara la red… Si Dick tuviera una PC, una Mac, me pregunto qué haría… Permitiría ser absorbido por el vortice de datos de esta telaraña digital o se sometería a un régimen idéntico… No lo sé. Ni siquiera imagino que opinaría de los chicos de hoy… O de lo que pueda imaginar, no tiene la culpa él.

Dick era un visionario. Un escritor nato. Dick escribía con música de Brahms, audífonos y anfetaminas. Escribía a velocidad increíble. De Dick nos quedan sus novelas, sus entrevistas, sus ejemplos. Incluso una foto de su Olympia SG3 .

Nos queda este día, cada año, para celebrar su llegada con lecturas y relecturas… Con homenajes, pequeños, amplios, grandilocuentes, honestos… qué sé yo…

Escrito por Gerardo Horacio el día 25 Nov 2007 a las 7:42 pm. No hay comentarios.
Guardado en Autores, Creatividad, General, Máquina de escribir, Palabra, Virus, Wallpaper, William Burroughs.

Time jump like a broken typewriter
William S. Burroughs

Y es aquí, en este momento que mis dos blogs se conectan en temática y búsqueda.

Para quienes desconocen lobosector, pueden intentarlo con ése link. El caso es uno: recuerdos, máquinas de escribir, escritura misma, todo me lleva a Burroughs. A estas deudas que todo escritor tiene con otros.

Una deuda pesada porque el 2 de agosto de 2007 se cumplieron 10 años de que el buen William S. Burroughs diera el paso definitivo más allá de esta vida. Una deuda dificil de pagar que en este caso, adquiere la forma de dos tributos: un wallpaper (diferente del de Lobosector) y una traducción de un texto fundamental del Burroughs. Sin más. Temiendo más bien no decir nada a la altura, van los tributos:

El Agente Burroughs

Una traducción de este bloguero de un texto de W.S. Burroughs:

La Revolución Electrónica
William S. Burroughs
(Expanded Media Editions, 1971)
RETROALIMENTACIÓN DEL WATERGATE AL JARDÍN DEL EDÉN

En el principio fue la palabra y la palabra era Dios y ha permanecido como un misterio desde entonces. La palabra era Dios y la palabra era carne se nos dice. ¿En el principio de exactamente qué estaba esta palabra inicial? En el principio de la historia ESCRITA. Generalmente se asume que la palabra hablada vino antes que la palabra escrita. Sugiero que la palabra hablada como la conocemos vino después de la palabra escrita. En el principio fue la palabra y la palabra era Dios y la palabra era carne… carne humana… En el principio de la ESCRITURA. Los animales hablan e intercambian información pero no escriben. No pueden hacer esa información disponible para futuras generaciones o para animales fuera del rango de su sistema comunicativo. Esta es la diferencia crucial entre los hombres y otros animales. Escribir. Korzibski, quien desarrolló el concepto de Semántica General, el significado del significado, ha señalado esta distinción y descrito al hombre como “el animal atado al tiempo”. El puede hacer disponible la información a lo largo del tiempo a través de la escritura. Los animales hablan. No escriben. Ahora una vieja y lista rata puede conocer mucho sobre trampas y venenos pero no podrá escribir un manual sobre TRAMPAS MORTALES EN TU BODEGA para el Reader’s Digest con tacticas para apandillarse contra escavadores y hurones y cuidarse de tipos listos que llenan de estropajo nuestros túneles. Es incierto si la palabra pudiera jamás evolucionar más allá del estrato animal sin la palabra escrita. La palabra escrita es inferente al habla humana. No se le ocurriría a nuestra vieja y lista rata reunir a las ratas jóvenes y pasarles su conocimiento en tradición oral PORQUE EL ENTERO CONCEPTO DE ATARSE AL TIEMPO NO PUEDE OCURRIR SIN LA PALABRA ESCRITA. La palabra escrita es por supuesto un símbolo que por sí mismo es una imagen de lo que representa. Esto no es verdad en un lenguaje alfabético como el Inglés. La palabra pierna no tiene referencias pictóricas con una pierna. Se refiere a la palabra HABLADA pierna. Así que deberíamos olvidar que una palabra escrita es UNA IMAGEN y que palabras escritas son imágenes en secuencia lo que serían IMÁGENES MÓVILES. Así cualquier secuencia hieroglífica nos da una inmediata definición en proceso para palabras habladas. Las palabras habladas son unidades verbales que refieren a esta secuencia de imágenes. ¿Y qué es entonces la palabra escrita? Mi teoría base es que la palabra escrita fue literalmente un virus que hizo posible la palabra hablada. La palabra no ha sido reconocida como un virus porque ha alcanzado un estado de simbiosis estable con el huésped… (Esta relación simbiótica está ahora rompiéndose por razones que sugeriré más tarde).

Cito de MECANISMOS DE INFECCIÓN DEL VIRUS editado por el Sr. Wilson Smith, a un científico que realmente piensa en su tema en lugar de solamente correlacionar datos. Él se cuestiona, así pues, acerca de las últimas intenciones de los organismos virales. En un artículo intitulado ADAPTABILIDAD DEL VIRUS Y RESISTENCIA DEL HUESPED de G. Belyavin, hay especulaciones sobre cómo la meta biológica de las especies virales ha crecido… “Los virus son obligadamente parásitos celulares y son completamente dependientes de la integridad de los sistemas celulares que parasitan para su supervivencia en un estado activo. Es una suerte de paradoja que muchos virus terminen destruyendo las células en que viven…”

Y debo agregar el ambiente necesario para cualquier estructura celular que puedan parasitar para sobrevivir. ¿Es el virus entonces una simple bomba dejada en este planeta para ser activada a control remoto? ¿Un programa de exterminación de hecho? ¿En este sentido desde la completa virulencia a su última meta simbiótica podrá alguna creatura humana sobrevivir? ¿Es la raza blanca, la que podría estar más bajo control viral que las razas negras, amarillas y morenas, dado cualquier síntoma de simbiosis operante? “

Tomando el punto de vista de los virus, la situación ideal aparentemente sería una en la cual los virus se reproducirían en las células sin alterar en ninguna forma el metabolismo normal”.

“Esto ha sido sugerido como la situación biológica ideal hacia la que todos los virus estan lentamente evolucionando…” ¿Ofrecerías violencia a un bien intencionado virus en su lenta carrera a la simbiosis?

No es valorable si se trata de un virus a punto de alcanzar un estado de completo equilibrio beningno con su célula huésped no es como si su presencia fuera rápidamente detectada O QUE SEA NECESARIAMENTE RECONOCIDO COMO VIRUS. Lo que sugiero es que la palabra es tal virus. El doctor Kurt Unruh von Steinplatz ha propuesto una interesante teoría sobre los orígenes e historia de este virus palabra. Postula que la palabra fue un virus de lo que él llama MUTACIÓN BIOLÓGICA efectuando el cambio biológico en su huésped quien era genéticamente transmisible. Una razón por la que los simios no pueden hablar es porque la estructura interna de sus gargantas simplemente no está diseñada para formular palabras. Postula que esa alteración en la estructura interna de sus gargantas fue ocasionada por una enfermedad viral… No ocasional… Esta enfermedad bien podría tener una amplia taza de mortalidad pero algunas simios hembras habrían sobrevivido para dar a luz a la descendencia wunder (milagro). La enfermedad quizás asumía una forma más maligna en los machos por su más desarrollada y rígida estructura muscular causándoles muerte por estrangulación y fractura vertebral. Puesto que el virus tanto en machos como hembras precipitaba el fervor sexual y a través de la irritación de los centros sexuales en el cerebro los machos preñaban a las hembras en sus espasmos de muerte, la alteración de la estructura de la garganta fue genéticamente transferida. Conseguidas las alteraciones genéticas en las estructuras del huésped, resulta una nueva especie especialmente diseñada para acomodarse al virus, el virus puede ahora reproducirse sin alterar el metabolismo y sin ser reconocido como un virus. Una relació³n simbió³tica ha sido ya establecida y el virus está integrado en el huésped quien mira el virus como una parte útil de sí mismo. Este exitoso virus puede ahora mofarse de virus mafiosos como la viruela y remitirlos al Instituto Pasteur. Ach jungen (ay chicos) qué escena tenemos aquí… los simios estan mudando pelo, liberándose de sus hembas quejosas y sollozantes sobre machos agonizantes como vacas con aftosa y así la picante musgosa dulce podrida metálica pestilencia de la fruta prohibida en el Jardín del Edén…

La creación de Adán, el Jardín del edén, El desmayado hechizo de Adán mientras Dios hacía a Eva de su cuerpo, la fruta prohibida que era por supuesto el conocimiento de la completa y apestosa cosa y debía ser calificado como el primer escándalo Watergate, todas las conexiones limpiamente dentro de la teoría de Doc Steinplatz. Y este era el mito blanco. Esto conduce a la suposición de que el virus palabra asumió una especialmente maligna y letal forma en la raza blanca. ¿Cuáles son los recuentos de esta especial malignidad en el virus palabra de los blancos? Más parecida a una mutación del virus ocasionada por la radioactividad. Todos los experimentos animales e insectos ensayados hasta ahora indican que las mutaciones resultantes de la radiació³n son no favorables, esto es, no conducen a la supervivencia. Estos experimentos relativos a los efectos en creaturas autónomas. ¿Qué acerca de los efectos de la radiación en virus? ¿No habrá quizá algunos secretos y clasificados experimentos escondidos tras seguridad nacional? Mutaciones virales ocasionadas por la radiació³n podrían ser muy favorables para los virus. Y tal clase de virus bien podría violar el equilibrio con la célula huésped. Así que ahora con las grabaciones del Watergate y el quiebre de las pruebas atómicas los virus se agitan inquietos en todas sus gargantas blancas. Una vez fue un virus mortal. Puede volverse un virus asesino otra vez y agredir a través de ciudades del mundo como un extraordinario incendio forestal.

“Es el principio del fin”. Esa fue la reacción de un adjunto a la ciencia en una gran embajada de Washington al reportar que una partícula sintética del gen había sido producida en el laboratorio… “Cualquier pequeño país puede ahora hacer un virus para el que no hay cura. Sólo se necesesitará un pequeño laboratorio. Cualquier pequeño país con un buen bioquímico puede hacerlo”.

Y presumiblemente cualquier país grande puede hacerlo más rápido y mejor.

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La revolución electrónica fue publicada en agosto de 1971 por Expanded Media Editions en Göttingen, Alemania. La primera edición contenía una traducción al alemán por Carl Wiessner seguida del texto en inglés. Fue impresa en una edició³n de 1,000 copias. (Maynard & Miles D27) Varios meses después, en octubre de 1971, Blackmoor Head Press publicó otra edición en Londres. Esta versión contenía el texto en inglés y una traducción al francés de Jean Chopin. Fue impresa en un tiraje de 500. (Maynard & Miles A21) Este extracto aparece cortesía del impresor Sans Soleil, quien mantiene los derechos en alemán e inglés del texto. Puedes comprar este o varios otros trabajos interesantes de Burroughs en Sans Soleil’s Site.

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Las anteriores negritas pertenecen a la versión en inglés de donde fue tomado este extracto; puedes consultarla en: Reality Studio Todo el sitio, por cierto, es un hallazgo en materia de Burroughs. Vale la pena darte una vuelta… y hasta contrastar la traducción.

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La traducción al español fue hecha por este bloguero. Solo para celebrar la memoria de este gran maestro y para compartir alguna de las temáticas que despiertan pasión por acá. Que este bloguero sepa, no existe previa traducción al español… © 2007, Gerardo Horacio Porcayo, por la traducción

Escrito por Gerardo Horacio el día 25 Nov 2007 a las 7:41 pm. No hay comentarios.
Guardado en General, Máquina de escribir.

Y si aquella fue mi primera máquina de escribir, es evidente que no fue la única.

No es que buscara reemplazarla. Fue más simple. Al ser poco portátil debía recurrir a talleres de mecanografía de mi prepa… o mejor dicho, de mi vocacional (fui estudiante del Centro de Estudios Científicos y Tecnológicos #3, Estanislao Ramírez Ruiz del IPN). Lo que a su vez suponía otra cosa: acostumbrarme a poner los acentos antes de la letra, no como en la Remington, donde se ponían después, lo cual contradecía, iba en contra de todos los sistemas ‘modernos’ de operatividad en cuanto a máquinas mecánicas. Lo cual, finalmente, se tradujo en una nueva y realmente portátil máquina de escribir. Es esta: La segunda máquina de Porcayo

Y durante largos años me acompañó, desde 1983 hasta 1989, cuando adquirí la primera PC, una XT con un fabuloso disco duro de 20 megas que el vendedor me aseguró jamás llenaría… En fin, en esa Letrera 32 escribí los cuentos del desconcierto, esos que surgían en los momentos de crisis literaria, en ese instante en que las palabras de mis profesores de licenciatura negaban del todo mi vía en la Ciencia Ficción. Y en que mi propia exigencia lectora me hacía desear otros alcances. Con la PC, de pronto, todo se aceleró. Ya no me importaba escribir y escribir, porque todo era suceptible de corregirse antes de la impresión. Ya no tenía que recoger los pedazos de hojas aprobados y tipearlos de nueva cuenta en otra hoja en blanco…

Pero extrañaba las teclas. El aporrear con toda el alma, sin temor a romper nada… Lo extrañaba tanto que tan pronto hubo Windows, le puse al procesador de textos sonido de máquina de escribir, para volver a sentirme en esa primitiva alquimia. Me encantaba ese sonido. El analógico, no el digital. Era lo que más extrañaba de la máquina de escribir. Eso y sus sostiene folios… Pero en algún momento lo olvidé… Y sólo lo recordé en 1998, cuando David J. Schow diera una conferencia en nuestro Primer Festival Internacional de Ficción, Fantasía y Terror de la Ciudad de México (nuestro, tomando aquí en cuenta al grupo Goliardos) y ahí afirmara él (Schow) que toda su prosa la escribía en máquina, no en PC, porque, precisamente, en sus sostiene folios, el veía antenas que captaban los argumentos desde algún lugar impreciso de la atmósfera o el espacio exterior… Idea que yo también sostenía, pero olvidara… Supongo que entonces, y recordando el par de semanas que estuve sin PC en 92, mientras escribía La Primera Calle de la Soledad y recurriera a esta Letrera, empecé a rendirles un culto especial.

Uno que acabara su forma definitiva con mi tardío encuentro con Naked Lunch de Cronnenberg. Es muy extraño, pero todas mis computadoras han tenido nombre desde el primer día. Las de escritorio se han llamado siempre Ubik (por Dick y su novela homónima) y hoy llegan a la quinta generación. Las máquinas nunca tuvieron uno…

Después, hace quizá un par de años, encontré un texto de Paul Auster, en una edición de lujo y papel couché con pinturas de sus máquinas de escribir (no recuerdo el nombre del pintor). Y esto me extrañó sobremanera, pues, que yo conozca, él es uno de los pocos autores actuales que se la ha pasado diciendo que escribe a mano, en libretas rojas…

En ese momento compré el libro de Auster por curiosidad (y porque en ese momento era uno de los escritores más vitales para mí). Y por este culto a las máquinas de escribir… Cuando terminé de leerlo, creo que mi sospecha de que él también había visto a Cronnenberg, creció. Hoy recuerdo poco, más bien nada ese texto de Auster. Hoy recuerdo que fue Paco Ignacio Taibo II quien, con motivo del primer (y único, con este alcance fundacional y nacionalista) Taller de Ciencia Ficción en 1987, durante su conferencia magistral, asegurara que le parecía sospechoso todo autor que cuando decía escribir, gestualizara como si moviera un lápiz. El aseguraba que el profesionalismo venía con la escritura directa a máquina. Y le creí… Y ese sonido que tanto adorara más tarde, al principio era como una metralleta que dispersaba mis ideas y me dejaba en blanco, hasta que me acostumbré… me hice adicto a ella.

Así pues, el hecho de que desfilen aquí estas máquinas (y las que faltan), no tiene un origen simple, sino mixto, plural. Pero están aquí porque son parte de la génesis. Parte de toda esta locura de escribir…

Escrito por Gerardo Horacio el día 18 Nov 2007 a las 11:58 am. No hay comentarios.
Guardado en Autores, Ciencia Ficción, Creatividad, Escritores, Máquina de escribir.

Si un loco que todavía sigue escribiéndolas
quiere hoy salvar sus novelas, tiene que
escribirlas de tal modo que no se puedan
adaptar o, dicho de otro modo, que no
se puedan contar.

Milan Kundera

Puede haber montones de maneras de empezar un blog. Éste lo demoré demasiado y hasta hoy, cuando los nervios me llaman a abandonar mis obligaciones, decido escribir por primera vez, de la única manera que me es dado, hablando del mismo proceso de escritura. O de mis procesos. O de mis historias acerca de… Vaya usted a saber en que terminará este blog…

Y si inicio con esta cita de Kundera es porque de una u otra forma me marcó. Hizo mella en mí, cuando ya me dedicaba a escribir, cuando ya era eso lo único que en verdad quería hacer. Y también viene muy a propósito del título que al fin decidí ponerle a este nuevo bebé, nuevo engendro virtual de palabra, sentimientos, exibiciones y lo que se vaya acumulando…

He de confesar que no pensé en esa cita. Lo que estaba en mi mente era ese navío medieval cargado con todos los desadaptados sociales (leáse locos) y navegando interminablemente, siendo rechazado en cada puerto por los habitantes…

Esta es la Máquina de los locos y pretende contar otro tipo de travesías…

Pero ya se irá viendo…

Claro que tampoco empecé a escribir con Kundera. Él llegó mucho después, con la carrera en letras. Con los veinte cumplidos…

Lo primero fue la ciencia ficción. Y paradigmas de éste género. Leer las biografías de Farmer, de Sturgeon (aunque fueran mínimas, apenas prólogos), de Lester del Rey, era lo que se me daba de manera natural. Era lo que tenía a la mano, lo que me arrobaba en esos tiempos.

Leer y leer. Y tratar de escribir. Primero a mano, en las mismas libretas de preparatoria y después, poco más tarde, tras descubrir una convocatoria en la revista Encuentro de la Juventud, publicada por el CREA, supe que no necesitaba título alguno, edad mínima para participar y empecé a tundir la máquina.

Una máquina que no era mía. Una máquina que mi madre había sustituido por una eléctrica, en los lejanos años de 1984 (cuando las computadoras eran gigantes inamovibles), aunque fuera su favorita.

Yo vivía, estudiaba en el DF. Y esa Remington me ayudaba enormidades pese a la robustez de su constitución. Me ayudaba, pero no era portátil. O no lo suficiente para el DF.

De cualquier manera, fue en ella que empecé a pasar, a corregir mis primeros relatos. Esos que fueron a parar a concursos de minificciones organizados en cada edición por la revista El Cuento de Edmundo Valadéz. Jamás gané, jamás me publicaron… Y eso no me enojaba tanto como leer algunas historias que eran meras transcripciones de chistes de moda. Recuerdo en especial uno que trataba sobre Drácula y sus tés de “bolsitas” recogidas en la basura…

Pero seguí y seguí escribiendo.

En esa Remington escribí El Sueño Eléctrico, mi primer cuento largo, mi primera mención honorífica, mi primera publicación y, para acabar de completar el círculo, la gota definitiva que me hizo dejar atrás mis estudios de ingeniería y decidirme a estudiar letras. A seguir con la escritura…

Por eso, lo mínimo que hoy puedo hacer por ella; ella, quien como la muñeca fea normalmente está escondida en los rincones… Es mostrárselas, en una foto no muy digna, pero como ejemplo de la primera máquina que me condujo a esta locura:


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